Ayudar a correrse

Ayudar a alguien para que se corra da muchísima pereza. O sea, tiene morbo al principio pero pasados un par de minutos empieza a dar pero que mucha pereza.

Y qué drama, porque estás ya sin fuerzas y deseando tumbarte y aquello se prolonga. Y no es el momento, cari.

Que todo el mundo ha estado del otro lado también, que conste.

Pero una cosa no quita la otra, ¿sabes?

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