Latinos en España

¿Eres latino?
Un poco.
¿Dominicano?
No.
¿Cubano?
No.
¿Colombiano?
No.
Entonces no me interesa.

¿Que no te interesa qué? ¿La vida de los demás? Está claro que sí. La respuesta no es la que esperabas y te enfadas, ¿cuántos años tienes? Porque aparentas 50, como para andar comportándote cual niña impertinente de 8 años que lo pregunta todo.

A mí sí que no me interesa jugar año tras año a este estúpido concurso en el que todo el mundo se inventa una cosa y nadie nunca jamás acierta ni acertará la respuesta. Para que lo entiendas te lo diré en tu idioma: eres una jodida metiche.

¿En qué mejora tu vida irle preguntando a toda la gente que te encuentras en España si es de una serie de países que ya tenías en mente? Vives en España, si pretendes establecer vínculos con gente “afín” solo por el lugar en el que nacieron, mejor vuélvete con los tuyos que te estarán echando de menos. O no.

Y da igual el país. Todos lo hacen. Y todos presuponen que eres de su país como si se tratase de la única opción posible. Vienen a España a echar de menos sus países originales, un movimiento muy inteligente en la vida.

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Nuestro único agente está ocupado

“Marque o diga de uno en uno el número de teléfono sobre el que desea realizar su consulta”. “Lo siento, no le he entendido”. “Todos nuestros agentes están ocupados en estos momentos”.

Lo has sufrido y lo sabes.

Llames cuando llames, “todos nuestros agentes están ocupados”. Lo que, tras 15 minutos de espera de dos llamadas diferentes, porque en la primera te colgaron, te lleva a pensar en que solo hay 1 persona atendiendo a millones de clientes. Y bueno, es cierto que hay muchas cosas que se pueden gestionar por el área de cliente vía web o vía app, pero cuando la velocidad de atención es la misma para clientes que para trabajadores, cágate.

Se supone que llamas a tu soporte telefónico para resolver algo que tú no puedes, básicamente porque tu perfil de usuario tiene más limitaciones que el cerebro de Rajoy. De no ser así, lo harías tú sin tener que pasar por el calvario que supone tener que llamar a soporte, lógicamente.

Tras 10 minutos de espera, te atiende Yoselín, probablemente desde Bucaramanga, le pides la gestión que tú no puedes hacer (vete a saber porqué, porque se ahorrarían todos esos puestos de trabajo y tu tiempo perdido) y finalizas la llamada.

10 minutos, bueno, no es para tanto. No, no lo es. Al menos, hasta que te das cuenta de que la gestión no está hecha porque Yoselín estaba más dormida que despierta (hola diferencia horaria, allí es de madrugada) y no ha hecho una mierda de lo que le has pedido.

Y todo esto con el cliente delante. Y a volver a llamar. Y a volver a esperar otros 10 minutos a que te atienda Osvaldo. Y así, todos los días. La única cosa más asquerosa de este mundo que tener que trabajar, es no poder hacer bien tu trabajo por incompetencia ajena y por herramientas nefastas que nunca funcionan.

Pero eso, ya te lo cuento mañana.

No me funciona el “guasa”

Lees todos los carteles que salen abajo en Sálvame del último bombazo de Kiko. Lees que la Campa se volvió loca y se cree la Esteban en Lecturas. Lees la basura de EL PAÍS para mantenerte desinformado. Y te sale un mensaje en castellano en el móvil y no eres capaz de leerlo.

Es más, no solo no lees (en castellano, ni chino ni hebreo) sino que te desplazas hasta una tienda para que alguien lea por ti esa notificación (Android, por supuesto) con la excusa de “yo es que de esto no entiendo”.

Corazón, yo no sé tocar una guitarra, por tanto no me compro una. Si te compraste un teléfono que no entiendes, búscate la vida. Dentro de la caja, viene un maravilloso manual de instrucciones que el fabricante ha metido por algo.

Es algo así como comprarse una cámara réflex sin siquiera saber lo que es el RAW. ¿Y vas al Corte o a FNAC o a Media Markt a que te enseñen a usarla? No.

Pues lo mismo.

Sí, ya lo había comentado anteriormente. Pero es que sois subnormales.

Regalando dinero porque te sobra

Compras comida solo de primeras marcas en el supermercado de El Corte Inglés. Tus coches, solo Bugatti. En tu casa no hay relojes que no sean Rolex. Las suelas de tus zapatos son rojas Louboutin. Y toda la ropa, Vuitton.

Habiendo alternativas que cumplen una función similar, eliges siempre una de las opciones más caras. Porque te sobra.

Vale, ahora vuelve a la realidad y visualízate cada mes comprando comida de marca blanca en LIDL, porque hasta Mercadona es “caro”. El coche es de segunda mano de una marca baratucha y la ropa la compras en rebajas en Lefties porque Primark ni las hace. La economía es importante y tu nómina es patética.

La pregunta es, si eres pobre, consciente de ello y compras en base a tus posibilidades, ¿por qué cojones contratas una de las 3 opciones más caras de telefonía móvil que te dan menos minutos (porque NO son ilimitados aunque digan que sí) cuando hay decenas de alternativas mucho más económicas, con más GB y con minutos ilimitados reales?

España. Nóminas de 700€ votando a la derecha, comprando baratijas como muertos de hambre pero contratando las operadoras de telefonía móvil más caras (que no puedes pagar), que lo único que hacen es robar con el beneplácito de ese mismo partido de derecha.

Deja de hacer eso, es ridículo

Imagina por un momento que haces el gesto de llamar a alguien con tu mano.

Independientemente de que seas diestrx o zurdx, probablemente usarás el pulgar como auricular y lo pondrás cerca de tu oreja, y probablemente usarás tu dedo meñique como micrófono y lo pondrás junto a tu boca. Nuestra oreja está arriba y nuestro boca abajo. Por eso, solo hay una orientación lógica a la hora de hablar por teléfono.

Pues bien, te empeñas (y encima en público, en plena calle, sin vergüenza alguna) en grabar notas de audio (para enviarlas por WhatsApp a me importa un bledo quién) hablándole al auricular de tu móvil. Sí, la rejilla que está más arriba de la pantalla.

¿Te das cuenta de que le estás hablando a la parte por la que escuchas a la gente normalmente cuando te llaman? ¿No te parece un contrasentido hablarle a un altavoz en lugar de a un micrófono?

Piénsalo.

Si vuelves a imaginar en porqué el pulgar se acerca a la oreja y porqué el meñique se acerca a la boca en el símil anterior, entenderás dónde está verdaderamente el micrófono de tu smartphone. Sea de 99€, sea de 999€. Todos lo tienen en el mismo sitio.

Para adaptarse a la cara y tal.

Por lo menos no le hablas a la pantalla. Es aún más escalofriante.

“Messbranding” garrafal

Como por ejemplo confiarle la imagen de tu empresa a gente con poca imaginación y nulo talento.

Todo comunica. Ha sido así siempre. El problema es que nos encontramos en un momento en el que toda comunicación (verbal o no, intencionada o no) llega al instante a todas partes del mundo. De ahí, la relevancia de la imagen.

Google te acerca a las opiniones de los demás en segundos, perder una oportunidad de reinvención como esta no es inteligente. Hay 4 y eres la tercera cuando siempre fuiste la segunda (los números son públicos). Tienes algún tipo de problema, háztelo mirar.

Un reposicionamiento de marca (rebranding) es un cambio intencionado en la imagen de una empresa. Una oportunidad idónea para lavar tu imagen aprovechando cambios externos e internos (no solo estéticos). Y van los genios y la lían.

En realidad, era muy predecible. La lógica nunca ha imperado, ni parece que lo vaya a hacer. Cuando por fortuna o por destino alguien se interesa en ti y resulta que hasta trabaja bien, lo dejas marchar y sigues perdiendo números por culpa de algunxs con nóminas altas. Ganador rotundo del premio al Mayor Genio de Negocios y Recursos Humanos del Universo 2017.

Ayudar a correrse

Ayudar a alguien para que se corra da muchísima pereza. O sea, tiene morbo al principio pero pasados un par de minutos empieza a dar pero que mucha pereza.

Y qué drama, porque estás ya sin fuerzas y deseando tumbarte y aquello se prolonga. Y no es el momento, cari.

Que todo el mundo ha estado del otro lado también, que conste.

Pero una cosa no quita la otra, ¿sabes?