Latinos en España

¿Eres latino?
Un poco.
¿Dominicano?
No.
¿Cubano?
No.
¿Colombiano?
No.
Entonces no me interesa.

¿Que no te interesa qué? ¿La vida de los demás? Está claro que sí. La respuesta no es la que esperabas y te enfadas, ¿cuántos años tienes? Porque aparentas 50, como para andar comportándote cual niña impertinente de 8 años que lo pregunta todo.

A mí sí que no me interesa jugar año tras año a este estúpido concurso en el que todo el mundo se inventa una cosa y nadie nunca jamás acierta ni acertará la respuesta. Para que lo entiendas te lo diré en tu idioma: eres una jodida metiche.

¿En qué mejora tu vida irle preguntando a toda la gente que te encuentras en España si es de una serie de países que ya tenías en mente? Vives en España, si pretendes establecer vínculos con gente “afín” solo por el lugar en el que nacieron, mejor vuélvete con los tuyos que te estarán echando de menos. O no.

Y da igual el país. Todos lo hacen. Y todos presuponen que eres de su país como si se tratase de la única opción posible. Vienen a España a echar de menos sus países originales, un movimiento muy inteligente en la vida.

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Deja de hacer eso, es ridículo

Imagina por un momento que haces el gesto de llamar a alguien con tu mano.

Independientemente de que seas diestrx o zurdx, probablemente usarás el pulgar como auricular y lo pondrás cerca de tu oreja, y probablemente usarás tu dedo meñique como micrófono y lo pondrás junto a tu boca. Nuestra oreja está arriba y nuestro boca abajo. Por eso, solo hay una orientación lógica a la hora de hablar por teléfono.

Pues bien, te empeñas (y encima en público, en plena calle, sin vergüenza alguna) en grabar notas de audio (para enviarlas por WhatsApp a me importa un bledo quién) hablándole al auricular de tu móvil. Sí, la rejilla que está más arriba de la pantalla.

¿Te das cuenta de que le estás hablando a la parte por la que escuchas a la gente normalmente cuando te llaman? ¿No te parece un contrasentido hablarle a un altavoz en lugar de a un micrófono?

Piénsalo.

Si vuelves a imaginar en porqué el pulgar se acerca a la oreja y porqué el meñique se acerca a la boca en el símil anterior, entenderás dónde está verdaderamente el micrófono de tu smartphone. Sea de 99€, sea de 999€. Todos lo tienen en el mismo sitio.

Para adaptarse a la cara y tal.

Por lo menos no le hablas a la pantalla. Es aún más escalofriante.

Ayudar a correrse

Ayudar a alguien para que se corra da muchísima pereza. O sea, tiene morbo al principio pero pasados un par de minutos empieza a dar pero que mucha pereza.

Y qué drama, porque estás ya sin fuerzas y deseando tumbarte y aquello se prolonga. Y no es el momento, cari.

Que todo el mundo ha estado del otro lado también, que conste.

Pero una cosa no quita la otra, ¿sabes?

Decisión sin decidir

El último grito de la moda está a punto de salir. Se trata de un lujoso bolso de la famosísima Africa Wang, y se les ha ocurrido ponerlo en pre-reserva.

Trabajas en la super boutique más chic de toda la marca. Es una tienda que parece más bien un museo y donde no entra gente sin dientes.

Le toca el turno a la siguiente persona y te acercas a atender. Quiere reservar, de forma anticipada y sin conocer su precio, el famoso bolso que probablemente ha visto anunciado ya por todos los medios habidos y por haber.

Para tomar la reserva debes anotar algunos detalles sin importancia como el modelo (el AWWA es más pequeño que el AWWA+) y el acabado del lujosísimo bolso a reservar.

Pero el cliente no sabe la diferencia entre los dos modelos de bolso ni el acabado que quiere.

O sea, quiere reservar algo que no sabe exactamente cómo es ni en qué acabado.

Pues lo mismo, pero con móviles.

Trisomía en el 21

Se te ha roto y quieres reparar el móvil. Pero, como no ibas a comportarte de forma lógica porque eso sería mucho pedir, lo quieres reparar en un sitio diferente al que lo has comprado. Podría ser, pero en este caso no funciona así.

Entonces, decides aprovechar que estás ahí para realizar una recarga a tu cochambrosa línea de teléfono prepago. Das el número, te intentan hacer la recarga y falla. Vuelves a dar el número, comprueban que ha sido introducido correctamente y sigue fallando. Te preguntan si tu línea de prepago pertenece al operador de la tienda en la que te están atendiendo. Te paras a pensar (como si hubiera algo que pensar) y te das cuenta de que no, no perteneces a ese operador.

Deberías averiguar urgentemente el grado de parentesco que tienen tus padres, puesto que tu nivel de retraso mental indica que son, como mínimo, primos.

Y pasa a diario.

Es como intentar abrir la casa del vecino con la llave de la tuya. Llevar tu coche al taller de otra marca a que te hagan la revisión. Ir a comprar pescado a la carnicería. Ir a empadronarte al ayuntamiento de otra localidad. O devolver una prenda de Mango en Zara…

Y lo peor de todo, es que todo eso habrá pasado alguna vez. El cliente, ni tiene razón, ni la tendrá nunca. Porque no se puede tener razón con una ignorancia más grande que toda Europa.

El regalo es lo de menos

Siempre tuviste amigos.

Pero no.

Al único cumpleaños al que te invitaron no pudiste ir. Por pobre.

¿Cómo te ibas a presentar en aquel cumpleaños sin un regalo entre las manos? A parte de ser cruelmente destrozado por los comentarios del resto, no te volverían a invitar en la vida.

¿Para qué te van a invitar si no vas a llevar regalo? Los cumpleaños cuestan dinero y no es más que un enorme paripé para recibir regalos sin motivo alguno.

¿Recibir regalos por estar un año más cerca de la muerte? ¿Qué es? ¿Algún tipo de consuelo?

No está claro, pero es una convención social y el regalo es ineludible.

Así que no fuiste y no te invitaron nunca más.

Ni a cumpleaños ni a nada. Vivir en un barrio diferente y no tener ni una peseta para salir a tomar algo matan la vida social de cualquiera.

Y como para celebrar el tuyo.

Pero no pasa nada, el regalo es lo de menos.

Ni lees ni pagas

Una receta de cocina es una serie de pasos a seguir con unos ingredientes determinados para conseguir un resultado, que es el plato que pretendes cocinar.

Si no sabes preparar un plato buscas la receta, la lees, sigues los pasos y obtienes un resultado.

Pues imagínate que tu smartphone y su jodido WhatsApp de mierda o cualquier otra app es una receta de cocina. Tienes que leer para obtener resultados.

Pero no lees.

Nunca.

Y vas a la tienda de móviles de tu barrio y le preguntas a los que están ahí que qué tienes que hacer ahora para que ese mensaje que te ha aparecido en forma de notificación desaparezca.

¿Y qué esperas?

Pues que te lo resuelvan todo. Y gratis.

Y no.

Y claro, te enfadas. ¿Cómo es posible que las tiendas de tu operador de móvil no te quieran ayudar a quitar ese odioso mensaje? Es más, te quieren cobrar.

Pues resulta que para quitar ese mensaje no hacía falta que madrugaras como gilipollas y salieras de tu apestosa casa para ir a tocar los cojones a una tienda. Con solo leer lo que te decía el mensaje y seguir sus pasos, lo habrías logrado desde el sofá de tu casa.

Y es que quienes trabajan en tu tienda más cercana no te quieren cobrar por quitar el mensaje. Te quieren cobrar porque ni lees ni pagas.

O eres subnormal o tienes más cara que pereza. Por eso te cobran.

Y se te ocurre amenazarles con que te cambias de operador.

Cariño, cámbiate ya.