El primero de la carrera

Hoy, paso de escribir en segunda persona.

Estoy hasta los huevos del blog. De todo. En general.

Me toca enormemente los cojones ver día tras día aberraciones de la naturaleza, que por su puta flor en el culo, fueron el primer espermatozoide de la primera eyaculación de la maldita corrida de su jodido padre en el coño de su puta madre. Si no fuera así como lo expongo, no se entendería que seres tan sumamente retrasados hayan ganado la carrera frente a millones de rivales.

El caso es que hay una cantidad de figurantes, porque eso es lo que hacen en la vida, figurar, con una cantidad de recursos materiales que otrxs podrían aprovechar para inventar la panacea de las vacunas, un super avance científico o algo mínimamente útil.

Ni voy a dar ejemplos, porque todxs tenéis en la mente ejemplos de sobra.

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Cliente esmeralda

Eres cliente esmeralda. Puede significar dos cosas: gastas mucho o la tarifa de tu móvil es la más alta de todas y estás pagando un sobreprecio absurdo por algo que ni necesitas ni usas.

El caso es que tienes el móvil roto y quieres renovarlo, por lo que te acercas a una tienda a informarte.

Conforme te van dando los precios de los terminales (sin modificar tu tarifa) te das cuenta de que estás pagando casi de forma íntegra el teléfono móvil.

No puede ser.

Eres VIP. En atención al cliente te han dicho que eres cliente esmeralda, que te atienden desde Moncloa y que todo son ventajas para ti.

¿Y dónde están todas esas ventajas si voy a pagar lo mismo por el móvil que el usuario más rata con la tarifa más cochambrosa?

En ningún sitio.

A tu operador se le ha ocurrido la brillante idea de crear categorías de clientes que no sirven para nada más que para aumentar tu ego y seguir robándote el dinero de tu cuenta bancaria con tu beneplácito.

Pero tú te sientes mejor porque eres esmeralda, lo dices cada vez que vas a la tienda esperando a que te hagan la ola. No sucede, pero lo sigues repitiendo porque te sientes mejor. O tal vez porque crees que con quien estás hablando no puede permitirse una tarifa como la tuya.

Porque claro, eres únicx. Eres esmeralda.

Decisión sin decidir

El último grito de la moda está a punto de salir. Se trata de un lujoso bolso de la famosísima Africa Wang, y se les ha ocurrido ponerlo en pre-reserva.

Trabajas en la super boutique más chic de toda la marca. Es una tienda que parece más bien un museo y donde no entra gente sin dientes.

Le toca el turno a la siguiente persona y te acercas a atender. Quiere reservar, de forma anticipada y sin conocer su precio, el famoso bolso que probablemente ha visto anunciado ya por todos los medios habidos y por haber.

Para tomar la reserva debes anotar algunos detalles sin importancia como el modelo (el AWWA es más pequeño que el AWWA+) y el acabado del lujosísimo bolso a reservar.

Pero el cliente no sabe la diferencia entre los dos modelos de bolso ni el acabado que quiere.

O sea, quiere reservar algo que no sabe exactamente cómo es ni en qué acabado.

Pues lo mismo, pero con móviles.

Trisomía en el 21

Se te ha roto y quieres reparar el móvil. Pero, como no ibas a comportarte de forma lógica porque eso sería mucho pedir, lo quieres reparar en un sitio diferente al que lo has comprado. Podría ser, pero en este caso no funciona así.

Entonces, decides aprovechar que estás ahí para realizar una recarga a tu cochambrosa línea de teléfono prepago. Das el número, te intentan hacer la recarga y falla. Vuelves a dar el número, comprueban que ha sido introducido correctamente y sigue fallando. Te preguntan si tu línea de prepago pertenece al operador de la tienda en la que te están atendiendo. Te paras a pensar (como si hubiera algo que pensar) y te das cuenta de que no, no perteneces a ese operador.

Deberías averiguar urgentemente el grado de parentesco que tienen tus padres, puesto que tu nivel de retraso mental indica que son, como mínimo, primos.

Y pasa a diario.

Es como intentar abrir la casa del vecino con la llave de la tuya. Llevar tu coche al taller de otra marca a que te hagan la revisión. Ir a comprar pescado a la carnicería. Ir a empadronarte al ayuntamiento de otra localidad. O devolver una prenda de Mango en Zara…

Y lo peor de todo, es que todo eso habrá pasado alguna vez. El cliente, ni tiene razón, ni la tendrá nunca. Porque no se puede tener razón con una ignorancia más grande que toda Europa.

Sin ganas de vivir

El cansancio te envuelve. Pero no el físico, ni el mental. Es el cansancio de vivir.

Día tras día la misma mierda de vida. Sin ningún indicio de que algo vaya a cambiar para mejor, o simplemente cambiar.

¿Cuál es el fin último de la vida?

Te traen sin tu consentimiento a un apestoso juego en el que tienes que luchar por salir adelante de la mejor manera posible. Te dicen que tienes que estudiar para ser alguien. Entonces, estudias para conseguir un buen futuro.

Trabajando.

En el momento en que el trabajo se vuelve parte imprescindible de la vida, sientes que te han timado por completo.

Se supone que la vida es un milagro, algo que celebrar y disfrutar. Promesas que nunca se cumplirán.

La palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, que era una herramienta parecida a un cepo con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. También se usaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ahí que tripaliare significa tortura, atormentar, causar dolor.

Y en efecto, el trabajo es un castigo. Si haces algo por obligación deja de ser divertido. El trabajo no dignifica, esclaviza.

A alguien se le ocurrió ponerle un precio al tiempo que dedicas en colocarle algún producto basura a ignorantes que apenas pueden pagarlo, para supuestamente mejorar sus vidas.

Hacemos aquello que no queremos ni para lo que estamos preparados. ¿No sería más fácil que cada uno hiciera lo que sabe y le gusta hacer? Todo funcionaría mejor.

Pero no. No importa lo que sepas hacer, lo bueno que seas haciéndolo o lo mucho que darías de ti porque te gustaría hacerlo. Tienes que adaptarte a lo que hay o morirás de hambre.

Porque tampoco se les ocurrió pensar, al traerte al mundo, que podrías pasarlo mal. Tener hijxs es el acto de mayor egoísmo del ser humano. Disponiendo ya de suficiente información como para saber que la vida es una puta mierda sin sentido alguno, es de hijxs de puta obligar a alguien a pasar por tu mismo sufrimiento.

Y, por si fuera poco, cualquiera puede tener hijxs. No importa que puedan quedar abandonadxs, no importa que no le puedan asegurar futuro alguno. Nada de eso se medita. Adelante, que se joda.

Y no es tan fácil acabar con todo. Realmente quien decide terminar con su vida tiene muchísimo más valor que todxs nosotrxs. Nadie consultó si quería participar en este ridículo juego, así que no debe explicaciones a nadie.

A la numero 88 va la vencida (o no)

Y aqui estoy.

He vuelto.

Me siento otra vez yo, si, yo, yo misma, la de siempre; empoderada, fuerte, luchadora, la que vino aquí a matar dragones, si dragones, como la de Juego de Tronos.

(Nunca he visto esa mierda)

Empoderarse es una palabra que viene del verbo poder, yo diría que significa tomar el poder de una misma, tomar conciencia de la fuerza que se tiene y de la que se puede llegar a tener.

Mi actual ex me dejo hace un mes, por otra mas joven probablemente y me suda un pomo.

A veces me planteo la idea de mandarlo todo al carajo, como han hecho mis amigas con algo mas de edad con su físico, pero no puedo.

Hoy he tenido una cita con una petarda, el chico era guapísimo y aburridisimo a partes iguales, unos ojos impresionantes, unas manos enormes y una sonrisa espectacular.

Para haber estudiado arquitectura y haber vivido en La Habana me esperaba a alguien con un poco mas de cultura general, ha sido nulo.

En realidad me da igual, el viernes tengo una cita con dos tíos a la vez que viven juntos y os aseguro que no es un trio, no me gustan los trios, o quizás si.

Creo que estoy en un momento de auto búsqueda conmigo misma, espiritualmente y sexualmente hablando, necesito amigas, conocer gente, tener sexo esporádico y pintarme como una puerta todos los sábados por la noche.

Hoy me he mirado al espejo y me he dicho a mi misma: Sé tu.

Y así ha sido.

Y así tiene que ser.

 

 

 

Devolviendo recibos

El glamour.

Hay quienes lo buscan en la moda, quienes lo buscan en la tecnología, quienes lo buscan en las fiestas y quienes no lo buscan directamente, pero no quieren ser menos que su vecinx.

Y cuesta dinero.

Pero más todavía ganarlo y administrarlo correctamente, para cubrir necesidades organizadas según un nivel de prioridad establecido racionalmente.

Pero la nevera no se ve y tu nuevo móvil de última generación sí.

Así que demuestras que tienes el valor de comprometerte a pagar durante 2 largos años una determinada cantidad de dinero a cambio de un móvil carísimo y una línea de teléfono con minutos y datos, que ni necesitas ni puedes pagar.

Y no pagas.

Y te cortan la línea y te quejas. Terminas pagando, pero con un sablazo adicional de 20€ por pagar tarde.

Y el mes siguiente no pagas.

Y te cortan la línea y te quejas. Terminas pagando, pero con un sablazo adicional de 20€ por pagar tarde.

Y el mes siguiente… Pues lo mismo. No vas a dejar de seguir devolviendo recibos hasta el fin de tus días, porque no eres capaz de darte cuenta de que te manipulan por todos lados para que creas que tu éxito se basa en las marcas que muestras.

Y no. Las marcas no te definen, no son personas con las que verdaderamente te puedas equiparar e identificar. Tampoco son sentimientos que expresen lo más profundo de tu ser.

Son objetos sin valor alguno por los que trabajas tropecientas horas al mes para poseerlos un par de años.

Gasta tu dinero en ti, en tu familia, en tus amigos o en algo que verdaderamente te llene el alma y no el ego.