Cliente esmeralda

Eres cliente esmeralda. Puede significar dos cosas: gastas mucho o la tarifa de tu móvil es la más alta de todas y estás pagando un sobreprecio absurdo por algo que ni necesitas ni usas.

El caso es que tienes el móvil roto y quieres renovarlo, por lo que te acercas a una tienda a informarte.

Conforme te van dando los precios de los terminales (sin modificar tu tarifa) te das cuenta de que estás pagando casi de forma íntegra el teléfono móvil.

No puede ser.

Eres VIP. En atención al cliente te han dicho que eres cliente esmeralda, que te atienden desde Moncloa y que todo son ventajas para ti.

¿Y dónde están todas esas ventajas si voy a pagar lo mismo por el móvil que el usuario más rata con la tarifa más cochambrosa?

En ningún sitio.

A tu operador se le ha ocurrido la brillante idea de crear categorías de clientes que no sirven para nada más que para aumentar tu ego y seguir robándote el dinero de tu cuenta bancaria con tu beneplácito.

Pero tú te sientes mejor porque eres esmeralda, lo dices cada vez que vas a la tienda esperando a que te hagan la ola. No sucede, pero lo sigues repitiendo porque te sientes mejor. O tal vez porque crees que con quien estás hablando no puede permitirse una tarifa como la tuya.

Porque claro, eres únicx. Eres esmeralda.

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Abogadx del grande

Tienes que hacer de detective, de policía, de psicólogx, de comercial, de resuelve problemas e interpretar papeles de teatro que ni en los mejores sueños de la ficción española.

Y apenas tienes tiempo para terminar de juzgar a alguien cuando ya tienes que juzgar al siguiente por su aspecto y su actitud. Todo ello mientras sigues una serie de maravillosas fórmulas producto de una mente de oficina que jamás ha tenido trato con el público.

Cuando ya has determinado que la persona que tienes delante no es apta para comprometerse ni con su familia, procedes al plan b que es la ejecución de una interpretación hollywoodiense digna del premio universal a la mejor interpretación espontánea del milenio.

Un espectáculo bochornoso en el que simulas hacer algo que verdaderamente no haces porque ni de coña.

Tal cual.

Y siguiente. Una persona detrás de otra, con tu mismo papel infinidad de veces, no vaya a ser que alguien sea Misterioso Judas Sabandija. Aquel que se supone que hace que compra pero no compra realmente porque es un enviado por la compañía para valorar si haces tu trabajo según unas normas y procedimientos que se le ocurrieron a alguien.

Y pasa el mes y te dicen que tu atención al señor Misterioso Judas Sabandija ha sido de lo peor del mundo mundial. Según él, tu mala atención fue más grande que el propio universo.

Y no. Porque no hay semana, o casi día, que no te agradezcan tu atención. O tu atención es verdaderamente buena o el nivel de atención del resto de la región es tan bajo que se conforman con una atención correcta.

En resumen, Misterioso se pincha, bebe o disfruta falseando la realidad y destrozándole el trabajo a lxs demás.

Pero no eres nadie. Así que tu palabra no importa, los procedimientos no van cambiar y volverán a joderte el siguiente mes.

Y seguirás viendo bocachos intentado comprar cosas que no pueden pagar ni en un año.

Porque te pagan.

Aunque no sé si…

Teatro barato

Actúas en la historia de tu vida. Se repite cada día. Es como si actuases en la misma escena de la misma obra una y otra vez.

Repitiendo tu diálogo y esperando la respuesta. Siempre idéntica. Como si no hubiesen hecho casting y todo el mundo interpretase el mismo ridículo papel.

Da igual a cuántos te enfrentes. Ni 10, ni 200 serán diferentes. Escucharás cada día lo mismo.

Te lo sabes de memoria. Y nunca falla. Siempre atiendes los mismos problemas. Sota, caballo y rey. Y encima pretenden que te importe lo más mínimo su enésimo problema.

Señora, es libre. Haga lo que quiera y continúe con su vacía vida.

De blanco, de rojo o de negro. Da igual el color, porque en todos los sitios hay retrasados. Y lidiar con ellos quita más ganas de vivir que el despertador un lunes por la mañana.

Y lo mejor es que actúas casi gratis. Esas horas de obra de pacotilla no están bien pagadas. El nivel de paciencia y serenidad requeridos bien merecen un plus.

Y los que no hablan ni el idioma de casi 600 millones de personas son la leche. ¿Cómo les explicas que esto es España?